Hoy voy a salirme un poco del guión y comentar algo personal, y es que en mi familia mis desayunos se han convertido en algo legendario.
Suelo acompañar cada salida (o cada entrada en casa) con numerosas fotos en las redes sociales, y desde luego, disfruto de cada uno de ellos al máximo.
Ir a uno de mis restaurantes preferidos, La Barrica, La Antigua, el Avenida 63, o a otros más prosaicos como el del Verdecora (probad las tostadas con tomate) se ha convertido en una tradición que repito cada vez que puedo.
Incluso cuando nos quedamos en casa tratamos de repetir la experiencia preparándonos unos opíparos desayunos.
¿Por qué cuento esto?
Quizás porque mi interés por la cocina vaya en aumento y necesite saber si merece la pena el esfuerzo para aprender a cocinar en serio.
Y el desayuno es un buen test para comprobarlo.

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